La idea de poner en valor nuestros mejores sentimientos se llevó un bronce en El Ojo de Iberoamérica

La clave de la idea estaba en cuantificar la excepcionalidad del ser humano, encontrar la forma de recolectar todo eso que ya estaba pasando, que era orgánico y genuino a las personas. Esas ganas de ayudar, colaborar, entretener y acompañar que fue surgiendo en el interior de las mismas. Para ello, definimos un algoritmo capaz de cuantificar todos esos valores intangibles, que tal como sucede en el mercado bursátil, pudiera reflejar día tras día las fluctuaciones en las acciones. Con la diferencia, que en este caso, esas acciones tenían un valor humano en vez de económico. Las acciones estaban categorizadas en 4 ejes: solidaridad, profesionalidad, amor y responsabilidad.